La caza de brujas de los ecologistas. Otro experto del clima que se irá al infierno.


Lo que está pasando con el fanatismo ecologista es una catastrofe científica. Es una muestra mas de como la ciencia puede ser un arma mortal, cuando cae en manos de fanaticos y supersticiosos que ignoran que no existen los dogmas de fe en la investigación científica.

Richard Lindzen es un especialista de la atmósfera, titular de la cátedra Alfred Sloan de meteorología en el MTI. Dimitió del GIEC en 2001, considerando que las actas de este organismo no reflejaban ya la realidad de los conocimientos científicos, al menos por su parte (la validez de los modelos océano-atmo’sfera).

En una reciente tribuna del Wall Street Diario (12 de abril de 2006), constata el estado más que deplorable del debate climático.

Anteriormente James Hansen (NASA) había denunciado las presiones de la administración Bush que le impedían informar al planeta del grave peligroque siginficaba el recalentamiento climático. Estas declaraciones tuvieron repercusión mundial.

Las observaciones de Richard Lindzen tendrán el mismo eco? Se puede dudar. Ya que este especialista no es ya climatologiacamente correcto desde que rompió con el GIEC en 2001.

No pretende salvar la Tierra del desastre. Simplemente recordar algunos hechos no tenidos en cuenta en los últimos años y algunas verdades científicas básicas.

El texto comienza por un relato que abarca desde el ciclón Katrina a la canícula del 2003 al pasar por las marcas de nieve de Buffalo, y como luego en mas todo acontecimiento un poco excepcional sería vinculado al recalentamiento climático.

Lindzen se pregunta sobre el disparate de que

” un pequeño grado apenas discernible de recalentamiento desde el final del XIX puede así públicamente designarse como el responsable de las recientes catástrofes?”

Una de las respuestas que se propone es que todo este “globo climatico” se ha inflado por el gran interes que suscita.

El alarmismo alimenta el discurso de los políticos, y éstos alimentan a cambio a los alarmistas. Los fondos federales asignados cada año a la investigación climatológica en los Estados Unidos alcanzan 1,7 mil millones de dólares contra algunos centenares de millones que había hace unos 15 años.

Esta suma es un poco más considerable que las del famoso “grupo de presión petrolífero”.

Esto ha dado lugar a un gran negocio:

“los investigadores que rechazan el alarmismo ven sus desaparecer subvenciones , su trabajo es denigrado y son calificados como secuaces de la industria, de pobres científicos o peor aún.”

No puede asombrar en estas condiciones que “las mentiras con respecto al cambio climático ganen en credibilidad al mismo tiempo que contradicen de pleno a la ciencia que es su fundamento supuesto”.

Mientras que los propios modelos alarmistas prevén una disminución de la amplitud térmica trópicos-polo y una adición de humedad, se afirma sin reparo que las tormentas tropicales van muy probablemente a devastar este mundo culpable en las próximas décadas. Es decir ni siquiera se duda ya en contradecirse entre las hipotesis y las conclusiones, con tal e que estas últimas halaguen al público y les aterroricen por las catástrofes futuras a venir.

Pero el campo de batalla climático no es que una guerra de palabras. Lindzen recuerda las divergencias de Henk Tennekes (los Países Bajos), de Aksel Winn-Nielsen (OMM wmo), de Alfonso Sutera y Antonio Speranza (Italia)… todos climatólogos respetados pero todos culpables de emitir serias dudas sobre el nuevo catecismo del recalentamiento.

¿Y que decir de la sustancia del debate científico, es decir de la publicación en los estudios peer-reviewed y los comentarios críticos que se siguen? Lindzen destaca algunas de las maniobras:

negativa a publicar los comentarios críticos de estudios alarmistas bajo distintos pretextos, linchamiento a distancia de desviado (no comentando directamente su trabajo, sino haciendo saber por todas partes excepto en el estudio inicial de publicación como este trabajo es infundado), seleccion partidista en los Comités de lectura de las investigaciones (Ciencia, Naturaleza) en favor del alarmismo, conduciendo a la publicación cada vez más frecuente de resultados de modelos cada vez más confusos que no hacen avanzar ni un apice a la ciencia del clima… Después de todo, los alarmistas terminarán quizá por tener razón, a falta de replicas en frente ellos. “solamente los científicos mas antiguos estan en condiciones de enfrentarse a la tormenta alarmista”, concluye amargamente Lindzen. Los que comienzan su carrera tienen una elección bastante simple entre el “anticonformismo caliente o la frescura de un armario”.

Seguramente ya habrá muchos ataques contra Lindzen , replicando que habla por despecho contra el GIEC o que sirve a quien sabe que intereses capitalistas , pero en toda la historia científica reciente (desde la Edad Media) es la pimera vez que un especialista reconocido viene así a alertar sobre la mediocridad científica creciente y el fanatismo ideologico que atenta contra su propia disciplina. Y esto, no se puede ignorar.

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