Es como que este informe ( NIE) le ha dado a Iran, piedra libre para fabricar su bomba y dejado a los partidarios del dialogo, especialmente a la UE sin mas armas para lograr un acuerdo diplomatico con Teheran.
Si no hay peligro nuclear, no son mas necesarias las presiones diplomaticas, ese parece ser el mensaje y ese es el resultado. Una vez suspendidas las presiones diplomaticas, solo le queda lugar a la concvicción de las armas, para el caso en que se compruebe que Teheran sigue con sus planes de construcción de armamento nuclear.
Publico aquí dos comentarios sobre este tema:
Con tantos bemoles que el asunto sigue coleando casi dos semanas después y con razón, pues reverberará a lo largo del año y mes que le queda a Bush de mandato. Le han desarbolado su política exterior, como bien se ha mostrado en estas mismas páginas. No es que el texto haya cambiado nada esencial. El enriquecimiento de uranio va como una moto y eso ha sido siempre lo peligroso y lo va a seguir siendo, y la Estimación de Inteligencia no dice otra cosa. Eso ha concentrado todos los esfuerzos internacionales hasta ahora. Sobre eso versaban las negociaciones de la terna europea con los delegados de Teherán. Sobre ello es sobre lo que han recaído las dos rondas de sanciones contra Irán decididas por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y a ello se refiere la tercera serie propuesta por Estados Unidos y que ahora ha sufrido una mortal andanada de plomo.
¿Entonces qué? Sucede que la política es a veces como una pelea de escupitajos. El “¿dónde están las armas de Sadam?” ha resultado un arma de desconcierto masivo de gran efectividad. No importa que todos los servicios de inteligencia las dieran como seguras y que los generales de Sadam también. No importa que nadie, nadie, absolutamente nadie sepa qué sucedió con lo que se sabía con certeza que estaba en su poder y no se ha encontrado. No importa que se haya demostrado que tenía docenas de programas de investigación en marcha. El gargajo ha hecho impacto y no hay quien se lo acabe de limpiar.
Ahora otro más, con los mismos efectos. “Juzgamos con un alto grado de confianza que en otoño del 2003 Teherán detuvo su programa de armas nucleares”. Al cuerno con el enriquecimiento de uranio que hasta ahora ha absorbido todas las preocupaciones internacionales y que es, con mucho, la parte más difícil de un programa nuclear. Al cuerno con el programa misilístico de cada vez mayor radio. ¿Para qué quieren misiles de largo alcance, altamente imprecisos, si no llevan una cabeza nuclear? Pero un misil no es un arma, sino un vehículo, así que técnicamente no pertenece al “programa de armas nucleares”. Como un fusil sin balas. Nada de preguntas de por qué la CIA se equivocó de medio a medio en su estimación del 2005 y debemos creer que hace ahora pleno. Nada de preguntas. Sólo el proyectil: ¿dónde está el programa nuclear iraní, si hasta la CIA dice que lleva parado desde el 2003?
Frente a eso de nada vale que Bush y Sarkozy hagan de la necesidad virtud y citen el documento donde se refiere a que las presiones internacionales han sido efectivas y por tanto, concluyen ellos, hay que intensificarlas para desactivar lo que por encima de todo es peligroso en relación con futuras armas atómicas. Esa aplastante lógica es al parecer contraintuitiva y será aplastada por todo el complejo aparato del antibushismo o antiamericanismo. Olvidémonos de China o Rusia votando nuevas sanciones en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Ni siquiera aplicando las aprobadas.
Dado que todo eso era perfectamente previsible, ¿fueron tontos los redactores del documento o buscaban ese efecto? ¿Es una venganza de los servicios de inteligencia contra Bush y su gente? Obvio es que podían haber dicho lo mismo de otro forma, poniendo por delante que los iraníes han concentrado sus esfuerzos en lo más difícil y decisivo en el proceso de adquisición de armas nucleares, el material fisible, paralizando, no se sabe por cuánto tiempo, el diseño de una cabeza nuclear. Por otro lado, precisamente esa tarea es la más fácil de ocultar. ¿Cómo pueden estar tan seguros los espías americanos?
Pero el documento es secreto, lo que se ha revelado es un pequeño pero decisivo fragmento del mismo, las conclusiones más importantes, y está redactado para sólo los ojos de ciertas cabezas del Congreso americano. ¿Por qué la administración lo ha hecho público? Sin duda porque estaba convencida de que se filtraría y sería acusada de haberlo ocultado, con un daño público todavía mayor. Pero ¿por qué lo ha hecho tan torpemente? ¿Cómo no tomó medidas previas? ¿Cómo no se enteró con tiempo de lo que le estaban preparando? ¿Cómo no avisó a los aliados europeos a los que deja ahora con el trasero a la intemperie? Condolezza Rice, absorta en el intratable tema israelo-palestino, y la Casa Blanca, a por uvas. Mientras tanto, el efecto disuasorio de una intervención militar creíble se ha esfumado. Y recordémoslo, la disuasión no es para hacer la guerra sino para evitarla. Paradójico, pero lógico.
Esta es la opinion de Daniel Pipes y si la analizamos en detalle, se complementa con aquella:
Con la difusión el 3 de diciembre del informe desclasificado National Intelligence Estimate completamente inesperado “Irán: intenciones y capacidad nuclear” ha emergido un consenso en torno a que la guerra contra Irán “ahora parece estar fuera de la agenda”. En la práctica, el presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, afirmaba que el informe hace esta “un golpe fatal” a los enemigos del país, al tiempo que el portavoz de su ministerio de exteriores lo llamaba “una gran victoria”.
Discrepo con ese consenso, sosteniendo que la acción militar contra Irán ahora parece más probable que antes de que el NIE saliera a la luz.
El principal punto del NIE, contenido en su primera línea, sostiene célebremente: “Estimamos con elevada confianza que en el otoño de 2003, Teherán detuvo su programa armamentístico nuclear”. Otros analistas – John Bolton, Patrick Clawson, Valerie Lincy y Gary Milhollin, Caroline Glick, Claudia Rossett, Michael Rubin o Gerald Steinberg – han diseccionado con destreza y refutado esta parodia mal realizada, politizada e indignante de propaganda, así que no necesito explayarme en eso aquí. Además, importantes miembros del Congreso “no están convencidos” con las conclusiones del NIE. Los líderes francés y alemán lo rechazaban, al igual que la Organización del Tratado Atlántico Norte, y hasta la Agencia Internacional de la Energía Atómica expresaba sus dudas. La Inteligencia británica está segura de que su homóloga norteamericana ha aceptado hechos falsos como verdaderos por motivos desconocidos, al tiempo que la Inteligencia israelí respondía con sorpresa y decepción.
Vayamos pues un paso más allá, y planteemos ¿cuáles son las implicaciones a largo plazo del informe 2007?
Por el bien del argumento, asumamos que el informe NIE de mayo de 2005, en el que 16 agencias de Inteligencia norteamericanas afirmaban “con elevada confianza que Irán actualmente está decidido a desarrollar armamento nuclear” estaba en lo cierto. Asumamos también que hay tres posibles respuestas norteamericanas al incremento de la capacidad nuclear iraní:
- Convencer a los iraníes de su propio acuerdo para detener el programa de armas nucleares.
- Detenerlo por ellos a través de la intervención militar (que no tendría que ser necesariamente un ataque directo contra la infraestructura nuclear, sino que podría ser más indirecto, como un embargo a los productos petroquímicos refinados que entran en el país).
- Permitir que culmine en el logro por parte de Irán de la bomba nuclear.
En cuanto a la opción 3, el Presidente Bush observaba recientemente que quienquiera que “esté interesado en evitar la Tercera Guerra Mundial… tendría que estar interesado en evitar [que los iraníes] dispongan del conocimiento necesario para fabricar una bomba atómica”. Hasta la fecha, el inútil NIE no le ha hecho cambiar de opinión. Parece compartir la opinión de John McCain de que “solamente hay una cosa peor que Estados Unidos ejerciendo la opción militar. Es un Irán con armamento nuclear”.
Por tanto, la verdadera pregunta no es si Irán será o no detenido, sino cómo.
El NIE 2007 ha finiquitado en la práctica la opción 1, convencer a los propios iraníes de detener su programa nuclear, porque este camino exige un amplio acuerdo externo. Cuando países clave cerraron filas para aprobar la resolución 1737 del Consejo de Seguridad en diciembre de 2006, ello hizo que la directiva iraní respondiera con cautela y miedo. Pero la tranquilizadora conclusión del NIE socava tan amplia cooperación y presión. Cuando Washington presiona a algunos estados occidentales, Rusia, China y la agencia de la energía atómica, ellos lo sacan del cajón, lo airean delante de los americanos, y rechazan cooperar. Lo que es peor, el NIE ha dado muestras a la directiva de mentalidad apocalíptica de Teherán de que el peligro de sanciones externas ha terminado, que puede proseguir sin molestias con su asunto de la construcción de bombas.
Eso deja la opción 2, la intervención directa de alguna clase. Sí, eso parece improbable ahora, con el NIE cayendo como una bomba y alterando el debate. ¿Pero seguirá este ejercicio de 1000 palabras muy criticado dominando el entendimiento norteamericano del problema de verdad? ¿Hará cambiar la opinión de George W. Bush?
Es muy inverosímil, porque estas proyecciones dan por sentado el equilibrio — que este informe puede por sí solo refutar todas las demás interpretaciones, que no van a tener lugar más avances en Irán, que el debate acerca de las intenciones nucleares iraníes se cerró a principios de 2007, para no reanudarse nunca. Lo más seguro es que el debate continúe para evolucionar y la influencia de este NIE se desvanezca y se convierta simplemente en una de tantas valoraciones, técnicas y no técnicas, oficiales y oficiosas, americanas y no americanas.
En resumen, con la opción 1 descartada y la opción 3 inaceptable, la opción 2 — una guerra librada o bien por las fuerzas norteamericanas o las israelíes — se convierte en lo más probable. Así han ayudado a ingeniar su propia pesadilla los burócratas de la Inteligencia abiertamente partidistas de mentalidad y previsión limitadas que intentan esconder las realidades desagradables.