Eduardo Arroyo
La política real se decide en unos pocos lugares y, desde luego, no son las urnas ni las elecciones, porque hay ciertos temas que asumen por igual todos los partidos del espectro político y que, sin embargo, revisten una importancia trascendental para el destino de los pueblos. Por eso, cuando en un lugar estratégico, como por ejemplo la presidencia de los Estados Unidos, se dirime la posibilidad de que un “outsider” tome el control, el complejo político-mediático-financiero y ciertos “lobbies” omnipotentes se ponen muy nerviosos. Es el caso de Ron Paul.
Es difícil resumir en unas pocas líneas qué defiende el senador por Texas. Sus tesis entroncan directamente con algunos de los temas estrella del genuino pensamiento tradicional de los Estados Unidos. Básicamente, Ron Paul defiende a ultranza la constitución y la herencia de los padres fundadores. Por este arraigado sentido de la libertad, Paul se ha declarado públicamente en contra de un sistema de identificación nacional y ha votado en contra de cualquier forma de regulación de Internet. Además, está a favor de convertir el cuidado de la salud de los Estados Unidos en un mercado libre, oponiéndose así a la socialización del mismo(…)
Políticamente incorrecto
En lo tocante a la política exterior, Paul apoya el no intervencionismo y se opone a las ayudas a países extranjeros. En su opinión, si se debe luchar una guerra, ésta debe librarse para proteger a los ciudadanos, ser declarada por el Congreso, combatida y ganada para luego retirarse del campo de batalla. En plena coherencia con estas ideas, es el único candidato republicano a la presidencia del 2008 que votó en contra de la Resolución de la Guerra de Irak en el 2002 y en contra del USA Patriot Act.
En temas sociales de candente actualidad en Europa, Ron Paul, médico de profesión, está en contra del aborto inducido y opina que el gobierno no es quién para redefinir el concepto de matrimonio. Paul opina que la intervención federal en esta cuestión es una “usurpación trascendental en el poder de los Estados”. Por si fuera poco, Ron Paul ha declarado que no debería de haber ningún control federal sobre la educación, de modo que las competencias para impartirla deben recaer solo sobre entidades de carácter local y estatal.
Naturalmente, la gota que colma el vaso de la incorrección política es su rechazo tajante a la amnistía de inmigrantes ilegales y a la inmigración en sí, y su defensa del cierre de fronteras, si es preciso recurriendo al ejército, como ejercicio de soberanía nacional.
Todas estas ideas son muy poco populares entre las elites políticas demócratas y republicanas y son francamente odiadas por los ideólogos neoconservadores, así como por el lobby pro-israelí, todos ellos favorables a la intervención militar generalizada en Oriente Medio y a la inmigración irrestricta. Por el contrario, estas cuestiones gozan de gran popularidad entre el pueblo norteamericano, que castigó duramente a la administración Bush en las últimas elecciones legislativas, para ver más tarde cómo, por acción u omisión, el poder demócrata abundaba en exactamente los mismos errores del actual presidente(…)
En Europa la prensa “de derechas”, así como la “progresista”, secuestra a la opinión pública la existencia de terceros candidatos que cobran cada vez más relevancia porque los problemas que preocupan a la gente son sistemáticamente ignorados por los partidos oficiales. Así, cuando en España los “dazibaos” de “El País” y “ABC” o esa especie “pravda” del universo “neocon” de “La Razón” coinciden en omitir temas que preocupan a todos, hablar y escribir sobre Ron Paul supone un maravilloso soplo de aire fresco.