La lectura sobre las vidas de mujeres sauditas me recordó del tiempo breve pero extraño que pasé en ese país, informando sobre el Hajj.
La realización de la peregrinación es probablemente la única ocasión en que los Musulmanes visitarán el reino; los visados de turismo son inexistentes y los de viaje para negocios y motivos de familia requieren una documentación extensa. Yo había oído sobre mujeres sauditas despojadas de sus derechos, o que los reducen hasta llegar a un punto ineficaz, pero no estaba lista para esta experiencia y tenía un interés absoluto en llegar a la terminal del peregrino en Jeddah. Busqué al hombre que fue puesto para encontrarme, pero cuando él no apareció , los funcionarios de aeropuerto me retuvieron el equipaje durante cinco horas. Mostrarles mis papeles - incluso un visado, una lista de nombres de contactos y números y una carta de mi Jefe - no hizo ninguna diferencia. Pedí de marcharme así podría conseguir un taxi e ir a La Meca, sólo por haber dicho ésto me volvieron atrás del punto de control y me detuvieron por 7 horas. Luego de aclararse por otras vías el malentendido, pude ir al hotel para viajar a la Meca con un grupo de peregrinos.
A menudo fuí interrogada de porqué viajaba sola y sin compañía masculina, a pesar de mis explicaciones y de mostrar el visado, se me aconsejó de no viajar sola y moverme siempre oculta en un vehículo privado o en autobuses, mientras mis colegas varones lo hacían en motos.
El movimiento restringido era la menor parte de mis preocupaciones, sin embargo. Fui sexualmente agredida tres veces en La Meca - el incidente menos doloroso ocurrió cerca del Ka’aba, cuando un peregrino macho confundió mis pechos con una barandilla y los usó para elevarse - y fue retornado a la realidad solamente cuando me quejé. Ser sexualmente agredida es, aprendí allí, casi gajes del oficio para el peregrino femenino. Le pasará a cualquier mujer, pero los incidentes quedaran sin denunciar debido a la apatía de los guardias de seguridad en servicio.
¿Si esto pasa en la ciudad más santa del Islam, qué pasa en el resto de Arabia Saudí? Hay una penuria inquietante de las mujeres en el lugar de trabajo - por la TV, en hoteles, restaurantes y tiendas. También me acostumbré a ser ignorada por funcionarios haciendo preguntas sobre algo - ya fuera de la peregrinación o de asuntos mundanos. Compartí mis preocupaciones con un periodista saudita hombre y él me dijo que yo me imaginaba cosas. Una periodista femenina me contó de cómo ella y su marido hablaban de la muchacha Qatif ( quien fuera condenada a latigazos por haber denunciado su violación por 7 sauditas jóvenes y cultos.) Ella piensa que todos deberían estar avergonzados por el comportamiento del gobierno, pero tambien consideran que la adolescente violada se le tenía merecido por su imprudencia.
Sé que La Meca, Arafat y Mina es socialmente y teológicamente más conservador que Jeddah, que es liberal en el sentido más estrecho de la palabra. Lo que es evidente, y lo que me preocupó, era el modo que los Musulmanes no sauditas, no hicieron ninguna mención de este apartheid de género. Veían ésto como casi un hecho, el que las mujeres fueran relegadas a las líneas de la perisferia era normal y cuando el HRW dijo que son tratadas las mujeres como niños lleva razon . Este informe excelente cita el trabajo del Consejo Permanente para Investigación Científica y Opiniones Legales, basadas en la publicación de opiniones legales Islámicas. El cuerpo legal afirma que Dios ha mandado a que las mujeres permanezcan en sus casas y HRW cita el Sura 4 verso 34 del Coran, que incita a la posición del gobierno Saudí en la tutela machista, la violencia doméstica, la esposa ideal y la desigualdad de género. Si el libro santo del Islam le sirve a la elíte dirigente como una excusa para sojuzgar a las mujeres, ésto quiere decir que la Religion no es inofensiva
He escrito antes sobre mi frustración en el modo que los Musulmanes despliegan sus energías. El silencio en los abusos de derechos humanos - sobre todo de mujeres - es algo comun en los Musulmanes, y me incluyo en ello, deberiamos estar avergonzados de ello.
El Reino de Arabia Saudí, para dar al país su título pleno, es el guardián de las dos mezquitas santas y es de facto el guardián del quinto pilar del Islam. El reconocimiento de la situación grave de las mujeres y el criticar al régimen saudita ,es por lo tanto equivalente a la blasfemia.
Pero los millones de Musulmanes, incluso los 25,000 Británicos, que van a Arabia saudita cada año, dejan su sentido de imparcialidad, igualdad, justicia y ultraje. El informe de HRW ha expuesto el pequeño sucio secreto de nuestra Ummah y debemos enfrentarnos a él.
Lo firma una periodista musulmana en su Blog del Guardian: comment ist free