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Para comprender la Revolución Mundial 2

Publicado por Augusto on Septiembre 6, 2007

Aunque la unidad de un movimiento histórico pueda contener elementos tomados de esos tres modelos, ninguno de ellos la explica. Un movimiento histórico no es un puro desarrollo espontáneo, mas un esfuerzo consciente y prolongado para llevar las cosas a rumbo determinado. También se distingue de los movimientos especiales por el aspecto de prescindir de una estructura jerárquica de comando, por lo menos permanente. Difiere igualmente de la unidad conspirativa porque esa estructura jerárquica, cuando existe, no necesariamente ha de permanecer secreta.

La unidad de un movimiento histórico reposa plenamente en la apelación de algunos símbolos que condensan y dan cuerpo a deseos, ideales y objetivos duraderos. Una vez adoptados como pendón de lucha por algún movimiento especial, esos símbolos se diseminan y se arraigan tan profundamente en la cultura que su fuerza aglutinadora puede ser renovada a cualquier instante por algún otro movimiento especial que se inspire directa o indirectamente en el anterior. Una sucesión de movimientos especiales inspirados en un mismo núcleo de símbolos y valores, atravesando las épocas sin conexión organizacional unos con los otros, forma por si un movimiento histórico, aunque la conciencia de la continuidad se torne bastante tenue o sea compartida exclusivamente por una elite intelectual sin voz de comando directa sobre el conjunto. Siguiendo su marcha, no se puede afirmar que ha parado ni que ha sido extinto. Un movimiento histórico puede, alternadamente, cristalizarse como movimiento especial en torno a un comando jerárquico conocido de todos los participantes o, al contrario, subdividirse en tantos núcleos independientes que parezca haberse disuelto. No apenas en tiempos adversos, mas hasta en épocas en que los vientos le son más favorables él puede contar con un aumento de crecimiento apoyado en el puro desarrollo espontáneo de los hechos sociales. A veces, aparece un liderazgo genial capaz de mantener por algún tiempo el control consciente del movimiento, a veces es preciso esperar hasta que la espontaneidad del ocurrir críe las condiciones para ello, pero en ambas épocas el movimiento revolucionario prosigue, inexorable.

Nadie comprenderá jamás al movimiento revolucionario mundial en cuanto se le continúe a encarar apenas por el prisma de los movimientos especiales que lo integran. ¿Como explicar, por ejemplo, la ascensión brutal del izquierdismo en el mundo después de la caída de la URSS que, según la expectativa general, debería prenunciar su término? La sorpresa frente al fenómeno es tan grande que muchos hasta prefieren negarlo, refugiándose en una ilusión psicótica. Pero su explicación es sencilla si se entiende que el movimiento comunista organizado desde los centros de comando en Moscú y Pequín era apenas una encarnación parcial y temporaria del movimiento revolucionario, que este continuaba desenvolviéndose en otros contextos bajo otras formas, latentes y discretas, prontas a subir al primer plano tan luego la versión soviético-china fallase, como de hecho ocurrió. Es deprimente, por ejemplo, notar como los EUA, en los años 50, a la vez que combatían de frente al expansionismo comunista y al espionaje soviético, recibían de brazos abiertos a los filósofos de la Escuela de Frankfurt, que ya traían consigo el germen de la New Leftdestinada a florecer en la década siguiente con tamaña fuerza, virulencia y amplitud jamás soñadas por los partidos comunistas. Combatir un movimiento especial sin tener en vista sus relaciones al conjunto del movimiento revolucionario es arriesgarse a fortalecerlo en el mismo instante en que se imagina derrotarlo. En realidad, la propia elite soviética era mucho más flexible y poseía un horizonte estratégico incomparablemente más vasto que el que los profesionales de inteligencia y los analistas estratégicos en los EUA podían entonces imaginar. Éstos, además de enfocar al movimiento comunista separadamente, fuera de la tradición revolucionaria, aún consideraban a ese movimiento apenas como un seudópodo del poder soviético, cuando verdaderamente el poder soviético era apenas una encarnación local y temporaria de una corriente histórica que venia desde mucho antes de ese poder y que sobrevivió perfectamente bien a la desintegración de la URSS.

La unidad del movimiento histórico ha de ser buscada, primeramente, en el lenguaje. Es la recurrencia de los motivos conductores (con la significación que la expresión posee en literatura y en música) la que señala la continuidad del movimiento. Y, al instante en que esa continuidad no es apenas la de una vaga “influencia cultural”, pero la de organizaciones revolucionarias que producen a sus sucesoras y se reencarnan en ellas después de su desaparición aparente, entonces la caracterización del movimiento histórico se presenta nítida y insofismable, no cabiendo ya justificaciones para que no se vislumbre su unidad por bajo de la variación aparente, por más confusa que sea.
Para quien conoce a la historia del movimiento revolucionario como conjunto, esa unidad, que al desconocedor es tan difícil de divisar, se transparenta hasta en detalles aparentemente irrisorios. Cuando, por ejemplo, el sr. Lula se declara católico y al instante, con la cara mas bisoña del mundo, afirma que está habilitado a comulgar sin confesarse por ser hombre “sin pecados”, aquel que le atribuya el disparate al desatino personal del sr. presidente es infinitamente mas desatinado que él. La frase retumba un Leitmotiv del movimiento revolucionario, circulante por lo menos desde o siglo XV: la impecancia esencial del revolucionario, limpio y santo a priori e incondicionalmente. ¡Ah, suele ser apenas una coincidencia verbal!, dirán los sapientísimos observadores. No lo es. Toda la mentalidad del sr. Lula ha sido formada por las lecciones directas y persistentes del sr. Fray Betto, que es la propia encarnación de la herejía revolucionaria, nada diferente de la de los cataros e albigenses. El sr. Lula, como ejemplo, talvez no posea la mínima consciencia de que es un muñeco de ventrílocuo sentado en la falda de una tradición de cinco siglos. Pero el sr. Fray Betto, que piensa con el debido retrocedimiento histórico, sabe perfectamente para que finalidad ha entrenado a su discípulo.

Olavo de Carvalho

Diário do Comércio, 14 de mayo de 2007

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Ciencia o payasada?

Publicado por Augusto on Septiembre 5, 2007

Verdad inconveniente”, por definición, es algún hecho cuya divulgación hiere a los intereses de una elite dominante y por eso termina siendo obstaculizada y suprimida. Cuando, al contrario, quienes salen alardeando a la tal verdad son los grupos político-económicos más potentes del universo – propietarios de casi la totalidad de los medios de comunicación en Europa y en EUA – lo mínimo que recomienda la prudencia es sospechar que están sirviéndole al publico una farsa monstruosa calculada para usurpar, en beneficio de los propios dueños del poder, al prestigio cultural de la marginalidad y de la independencia.

El detalle de que en Brasil el apoyo a ese emprendimiento proceda del mayor banco nacional y de la mayor red local de TV ya basta para alertar que no se trata de ninguna verdad renegada buscando abrir sitio entre barreras de silencio erigidas por la clase dominante. ¿Han visto ustedes alguna verdad inconveniente ser estampada en titulares del New York Times, ganar el Oscar , ser trompeteada por la red Globo de TV y relucida por el encanto y belleza (ya un poco pasados, dígase) de Xuxa Meneghel en persona?

La sabiduría popular brasileña ya ha dado su opinión respecto a eso, afluyendo a los millones para aplaudir al papa Bento XVI e ignorando solemnemente al show billonario del sr. Al Gore, como también a las gesticulaciones histéricas con las cuales nuestros parlamentarios buscaban, a la misma semana, movilizar las masas contra los supuestos horrores de la “homofobia”.

“Gore” significa “herir”, “derramar sangre”. Nomen est omen, “el nombre es profecía”, decían los romanos. La trayectoria del referido, una larga sucesión de gentilezas a algunas de las fuerzas políticas más sangrientas del planeta, incluyendo Fidel Castro y las Farc, solo fue posibilitada por el dinero con que la dictadura soviética engordó a su padre, Albert Gore, por intermedio del mega-embustero Armand Hammer, quien, con razón, decía tener al entonces senador “en el bolsillo del chaleco” (la historia completa de Hammer está en el libro de Edward Jay Epstein, “Dossier. The Secret History of Armand Hammer”, Carroll & Graf Publishers, New York, 1999). De ese bolsillo emergió la figura bisoña de Gore Júnior, en cuya candidatura presidencial otro príncipe del embuste internacional, George Soros, apostó sumas incalculables en las elecciones del 2000.

Con la misma cara dura con que durante años ha negado la existencia del genocidio estalinista en Ucrania y ha proclamado a Fidel Castro como un campeón de la democracia en Caribe, el New York Times nospresenta ahora al ex-candidato crónico a la presidencia americana como un hombre bien-aventurado a quien el fracaso electoral lo ha libertado de las manos del oficialismo, dándole la oportunidad de hablar a nombre propio, ser sincero, decir aquello que cree y ser reconocido al fin como un profeta. Ese cambio de casta, de la realeza para el sacerdocio, es una farsa total. Si Gore creyese en una sola palabra de lo que dice no gastaría más combustible fósil, en su mansión de Belle Meade, Tenessee, de lo que varias centenas de familias americanas juntas (ver link). El estatuto del profeta solo se consigue cuando aquellos que por largo tiempo negaron nuestras previsiones terminan por concordar con ellas de mala gana. En el caso de Gore eso no ha pasado de ninguna manera. Los que lo aplauden ahora son los mismos de siempre: NYT, CFR, George Soros, ONU, Hollywood y las fundaciones billonarias. No consta que uno sólo de los miembros de la abominable derecha haya dado su mano en palmatoria ante las revelaciones eco-ilógicas de Al Gore.

Para compensar, la movilización mundial objetivando darle tonos de verdad científica final a la imposible teoría del origen humano del calentamiento global adquiere día a día más fuerza, alimentada por la santa alianza de los medios de comunicación chics, de los organismos internacionales, de la militancia izquierdista organizada y de las grandes fortunas – las cuatro pilastras de la estupidez contemporánea. La reciente efusión de sapiencia de esas criaturas es el manifiesto “Defiendan la Ciencia”, firmado por 128 profesores universitarios que, por motivos insondables, creen hablar a nombre de una entidad mítica llamada “la ciencia”.

Referida ciencia, según esas ilustres criaturas, está a sufrir, en manos de la administración Bush, horrores solamente comparables a los que los primeros mártires del saber científico habrían padecido en cárceles de la Santa Inquisición. En vano se buscará en las columnas del Index Librorum Prohibitorum un solo título de Descartes, de Kepler, de Newton, de Leibniz o cualquier otra obra fundamental para el advenimiento de las ciencias modernas; pero, una vez consagrada la leyenda de que la persecución inquisitorial ha sofocado a la ciencia naciente, nuevas leyendas pueden ser fabricadas a partir de ella, tomada como premisa tremendamente científica. Sorbiendo de esa fuente, el manifiesto acusa al gobierno americano de “bloquear al progreso científico, minar la educación de los científicos y sacrificar la integridad misma del procedimiento científico, todo por querer implementar su propia agenda política particular,… aliada a una agenda ideológica extremista defendida por poderosas fuerzas religiosas fundamentalistas de ordinario conocidas como la Derecha Religiosa. Es frecuente, en la presente administración, que el gobierno niegue subvenciones, censure informes científicos, manipule, distorsione o suprima descubrimientos científicos que les parezca objetables.”

Contra este calamitoso estado de persecución y censura, la ciencia silenciada gime y se debate en el fondo del pozo de la exclusión social, pidiéndole socorro (y dinero, evidentemente) a la opinión pública.

Pero solo un ñoño completo o un cerebro intoxicado por marihuana intelectual izquierdista puede creer en esa estupidez.

“El gobierno” no rechaza informe científico alguno. Quienes lo hacen son científicos de profesión – tan científicos cuanto los signatarios del manifiesto – que ejercen su derecho a no darle aprobación oficial a teorías que les parezcan dudosas o simplemente codiciosas (el hecho, por ejemplo, de que el sr. Gore posea hoy casi toda su fortuna invertida en “fuentes alternativas de energía” muestra que lo que está en juego para él no es tanto la supervivencia de la humanidad, pero la integridad de su propio ojete).

En segundo lugar, George W. Bush no es el “gobierno americano”, es tan solo una parte. El Congreso está dominado por los fans de Al Gore; tuvieran ellos a mano la prueba de una sola supresión intencional de datos científicos vitales a la seguridad nacional, ya habría comisiones de averiguación mordiéndole los tobillos al presidente como lo hacen a todo instante por los motivos más fútiles (como por ejemplo las historietas de Valerie Plame).

En tercer lugar, el gobierno americano, considerándolo como máquina de divulgación, es literalmente un nada, una caca de mosquito, si comparado al conjunto de los grandes medios de comunicación que apoyan macizamente al alarmismo goreano. Como la historia del millonario gallego que instaló una ventana de vidrio ahumado en la sala de su casa para que los vecinos no espionaran las farras homéricas que él promovía allí, pero que, por un lapso formidable, instaló el vidrio al revés, el gobierno Bush, si quisiera ocultar alguna “verdad inconveniente” sobre el calentamiento global, solamente lograría ocultarla de sí propio, dejándola a vistas de la opinión pública. ¿Han visto ustedes algún periódico o canal televisivo alardear las conquistas espectaculares de la ayuda americana en Iraq, la recuperación de la economía de Iraq, la prosperidad general de la población iraquí, la reconstrucción de todas las escuelas y hospitales del país en tiempo record? ¿Han leído en titulares de ocho columnas que, a comparación con todas las guerras de los últimos cien años, la de Iraq ha sido la que menos alcanzó a la población civil? El gobierno vive a divulgar esas cosas, pero ellas sí son verdades inconvenientes. El establishment mediático las suprime tan completamente que hablar de ellas es pasar por loco. El manifiesto de los 128 iluminados, exactamente como el propio título-film de Al Gore, condensa la exacta inversión del estado real de las cosas.

La organización que promueve el emprendimiento es por cierto bien característica a la red de entidades activistas por donde circula el dinero de los billonários apóstoles del Nuevo Orden Mundial. El sitio www.defendscience.org tiene como principal financiador al Institute for the Study of Natural and Cultural Resources. Su director, Lee Swenson, inició su trayectoria en la militancia antiamericana de los años 60, yendo heroicamente a la cárcel para huirle al servicio militar. Después, ayudó a crear una serie de entidades militantes de la New Left, entre ellas el Institute for the Study of Non-Violence, junto a la cantante Joan Baez. El Institute the Study of Natural and Cultural Resources es apenas la última de la serie. Una notable carrera científica, como se ha visto.

Pero no todo en el manifiesto es embuste barato. En él hay una subcorriente de argumentos que vienen del fondo de los siglos, alimentando uno de los errores más trágicos en que la humanidad ya se ha metido.

La paradoja más sorprendente de la actual ideología científica es su capacidad en fundir, a veces, en un mismo párrafo, al prestigio intelectual de las precauciones metodológicas popperianas que afirman la inexistencia de verdades científicas definitivas con el apelo a la prosternación general ante la autoridad incuestionable de esas mismas verdades. Bajo el punto de vista sociológico, se trata de mezclar en una masa confusa, a los tres tipos de autoridad señalados por Max Webber, los cuales, normalmente, deberían permanecer ajenos e independientes entre si: la autoridad racional de la ciencia, la autoridad tradicional de la religión establecida y la autoridad carismática de los profetas. Conforme he explicado en anterior artículo, la condición básica a la investigación científica es la renuncia al don de proferir verdades definitivas, cuanto más al de transfigurarlas en leyes y reivindicar la punición a los discordantes. La propia naturaleza crítica y analítica del procedimiento científico exige esa renuncia, como la igual abertura permanente e ilimitada a objeciones y críticas, que son el alma misma de la racionalidad científica. Esa renuncia, que le ha dado a la clase de los científicos el prestigio incalculablemente valioso de la modestia racional en confronto a las pretensiones dogmáticas del clero religioso, se disuelve a si misma en el momento en que las conclusiones provisorias de tal o cual conjunto de investigaciones son proclamadas como verdades definitivas y la tentativa de discutirlas es criminalizada como acto de lesa-majestad. Después de haberle atribuido ese tipo de autoridad à la teoría de la evolución, el activismo científico busca arrogarla ahora a una doctrina aún más incierta y problemática, la del origen humano del calentamiento global. Al mismo tiempo que usa de todos los recursos económicos y políticos a su disposición para sofocar las voces disonantes, él propio se presenta como perseguido y silenciado. La voz que se queja de sofocada resuena por todos los canales de los medios de comunicación mundiales, denunciando su propia farsa del modo más patente y apostando, por fin, en la incapacidad pública de notar la paradoja. Ese apelo a la autoridad dogmática por parte de los que siguen nombrándose representantes del pensamiento crítico es maravillosamente complementado por la elevación de Al Gore como profeta – profeta que clama en el desierto de Hollywood, ante las cámaras, reflectores y micrófonos. El carácter paródico del emprendimiento en su conjunto no se le escapa al observador atento, pero talvez se le escape a las multitudes distraídas. Y es con eso que cuentan los autores del manifiesto.

Si quieren ustedes una genuina “verdad inconveniente”, vean al documental “La Gran Farsa del Calentamiento Global” (“The Great Global Warming Swindle”), una respuesta devastadora a los esfuerzos publicitarios del sr. Gore. No fue hecho con subsidios billonários ni ha recibido de los medios de comunicación y del beautiful people el respaldo generosamente ofrecido a la autopromoción de ese individuo. Las declaraciones allí presentadas son de científicos profesionales, algunos de fama mundial, que no tienen por que ser excluidos a priori de la condición de representantes legítimos da su clase, en la cual ocupan posiciones por lo menos similares a las de los sacerdotes del culto goreano. Véanlo y enseguida escríbanle a las organizaciones envueltas en la promoción de la visita de Al Gore, preguntándoles por que ellas se recusan a ofrecer al público los dos lados de la cuestión; por que alardean solamente a una y aún proclaman, con cinismo intolerable, que es una verdad sofocada por el establishment, cuando obviamente ellas propias son el establishment y la única verdad sofocada es aquella que ellas sofocan.

 

 

Traduçción: Victor Madera

Artículo de

 

Olavo de Carvalho

Diário do Comércio, 21 de mayo de 2007

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Para comprender la Revolución Mundial - 1

Publicado por Augusto on Septiembre 4, 2007

Olavo de Carvalho

Diário do Comércio, 14 de mayo de 2007

 

 

Prometí explicar con más detalles las “tesis sobre el movimiento revolucionario mundial” (conferencia en la Academia Militar de West Point) que publique aquí semanas atrás. Como esas explicaciones son extensas, las subdividiré en varios artículos, volviendo al tema siempre que encuentre la oportunidad. Empiezo con el primer párrafo: “El movimiento revolucionario es un fenómeno único y continuo a lo largo del tiempo, por lo menos desde el siglo XV. Cada generación de revolucionarios posee la conciencia de ser heredera y continuadora de las anteriores. Eso está hartamente documentado en sus escritos. Es un hecho, no una interpretación mía.”

Cualquier que sea el estado de cosas, no hay actitud política consciente sin el conocimiento de los antecedentes históricos que lo produjeron; no solamente de los antecedentes de los hechos inmediatos, pero también y principalmente de los elementos duraderos, de largo plazo, que no ejercen sobre la situación actual la influencia de estímulos causales directos pero amoldan y determinan de lejos al cuadro general donde todo se da.

Cuando el discurso de un agente político repite al de personajes de dos, tres o cuatro siglos atrás, a los cuales no conoce y no podría citar de propósito, a veces ese hecho puede ser explicado por la sencilla persistencia residual de antiguos giros de lenguaje, impregnados en la cultura general y asimilados pasivamente por quien habla. Pero cuando a esa coincidencia de vocablos se suma la identidad de los valores y objetivos que se expresan a través del discurso, entonces es probable que la acción de ese agente le dé continuidad a una secuencia iniciada mucho antes de el mismo agente, a la cual sirve con mayor o menor conciencia de su participación en un esfuerzo de muchos siglos. Si, además, rastreando los orígenes de su forma de hablar, podemos reconstruir una cadena de transmisión ininterrumpida que de generación en generación ha venido desde los pioneros de la idea hasta su último repetidor pasivo, por consiguiente se advierte que estamos frente a un “movimiento histórico” identificable, continuo y auto consciente.

Un movimiento histórico puede abarcar y contener a muchos movimientos políticos, culturales y religiosos, que constituyen sus versiones parciales, locales y transitorias y que pueden ser muy diferentes y hasta contrastantes entre sí sin dejar de contribuir, por ello, para la unidad de el conjunto que los arrastra, inexorablemente, a la consecución de un sentido general ya formulado, en esencia, desde el principio.

Un movimiento histórico no actúa por sí mismo, no es una fuerza mágica, ni es, como diría Hegel, una “astucia de la razón” que opere y realice sus objetivos mediante una lógica invisible, pasando por arriba de las intenciones conscientes de individuos y generaciones. Al contrario, es la continuidad temporal de un conjunto de símbolos, valores y objetivos que a cada generación son introyectados y subscritos conscientemente por los individuos que se colocan a su servicio. Lo que pasa es que en cada uno de esos individuos, el conocimiento de los valores a que sirve no implica una conciencia integral de la totalidad del movimiento abarcable. En otros individuos, sí. A cada generación hay por lo menos un núcleo de “intelectuales”, que sabe de donde vino y para donde va el conjunto del movimiento a que sirve. Pero la mayoría de los envueltos puede tener conciencia apenas de las corrientes secundarias parciales e inmediatas. Ésto es más de lo que suficiente para garantizar la inserción perfecta de sus acciones en el sentido total del movimiento histórico.

Al observador desconocedor la unidad del movimiento puede escaparle del todo, principalmente porque él no sabe distinguirla de tres otros tipos de unidad que pueden aparecer por tras de la multiplicidad de los actos humanos:

(1) La unidad espontánea del desarrollo histórico. El crecimiento de la economía capitalista, por ejemplo, no resulta de ningún plan y no es un proceso dirigido por nadie. Él resulta, como decía Ludwig von Mises, de la suma de una cantidad innumerable de actos individuales, cada uno de ellos racionales en sí mismo, pero inconexos al conjunto, practicados por los agentes económicos en vista de sus objetivos personales y grupales.

(2) La unidad concreta y deliberada de un movimiento político, social, religioso o cultural explícito, dotado de un comando identificable y de una masa de militantes, fieles o adeptos conscientes de esa unidad. El catolicismo o el comunismo son ejemplos característicos. Para distinguirlos del movimiento histórico en general, los llamaré de “movimientos especiales”.

(3) La unidad invisible del “poder secreto” o “conspiración”. En el caso, la unidad existe solamente para los líderes, los conductores del proceso, y sus colaboradores inmediatos. La masa de los ayudantes anónimos, aglomerada en unidades menores sin contacto unas con las otras, no poseen una idea clara – y a veces no poseen idea ninguna – sobre la articulación mayor ni sobre el propósito del conjunto a que sirven.

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Venezuela vive, Brasil agoniza

Publicado por Augusto on Septiembre 4, 2007

 

No se por que la gente se preocupa tanto con Venezuela. La situación en Brasil es incomparablemente peor. Fíjense en la fuerza de la protesta estudiantil por las calles de Caracas y pregúntense si algo parecido es posible en Brasil, donde el PT – Partido de Los Trabajadores - y las demás organizaciones de izquierda poseen el monopolio total de las manifestaciones callejeras desde hace por lo menos tres décadas. Oigan al discurso vibrantemente anticomunista de un Alejandro Peña Esclusa y díganme si alguien en la “derecha” brasileña, tiene la garra para desobedecer a la censura ideológica que estigmatiza como “retorno a la guerra fría” toda tentativa en denunciar la guerra caliente, el retorno sangriento de la revolución comunista al continente latinoamericano. Observen la organización, la disciplina solidaria del empresariado venezolano por la defensa de la libertad, y compárenla a nuestro panorama de servilismo total, canino, despreciable.

Venezuela doliente está viva. Brasil anestesiado está moribundo.

Chávez representa el aspecto más superficial, vistoso y grotesco de la revolución continental. El cálculo astucioso, preciso, de largo plazo, es representado por la izquierda brasileña, que ha criado el “Foro de São Paulo” y maneja con habilidad insólita a la orquestación del conjunto.
Hugo Chávez le presta a la derecha un favor tan valioso cuanto George W. Bush le presta a la izquierda. El primero desnuda a la verdadera naturaleza de la revolución continental, el segundo ayuda el “Foro de São Paulo” a camuflar su estrategia general, bajo la hipocresía risueña de Luís Inácio Lula da Silva.

El único resultado de la política de Bush en América Latina será tornar el izquierdismo maquiavélico del PT más soportable si es comparado al espantajo chavista. Cuando la izquierda perdiere a Venezuela, se habrá ganado al continente entero, bajo los aplausos de Washington. Chávez resulta en el más gordo y persuasivo “buey de piraña” que la izquierda mundial ya ha ofrecido a sus crédulos adversarios.

 

Traducción: Victor Madera

 

NT. Conforme reiteradas denuncias de Olavo de Carvalho, Foro de S. Paulo es una entidad de carácter esencialmente criminal, creada en 1